Medir el tiempo y la buena hora
Jacinto del Buey Pérez, coronel de Ingenieros y químico, coleccionista y diseñador de tales cronómetros, estima que Zamora cuenta con 40 ejemplares de ese importante patrimonio. Dispone de una interesante colección, integrada por ejemplares del siglo XVIII al XX de varios países.
Siempre en (buena) hora. Una piedra plana, como plataforma, con incisiones horarias. Una saeta de metal, clavada en el centro y orientada hacia la Estrella Polar, y el Sol en lo alto, que ilumina y da sombra. Con eso basta para comprobar el tiempo que consume vidas y proyectos. En los manuales, poco más o menos. Son los relojes de sol. Ese patrimonio, tan singular y tan desconocido, cuenta con una treintena de ejemplares en la provincia de Zamora, y unas 3.000 piezas en España. Los tiene censados un paisano con amplios saberes: Jacinto del Buey Pérez, 80 años, de Figueruela de Arriba, coronel retirado de Ingenieros, licenciado en Ciencias Químicas, buen matemático y ex vicepresidente de la Asociación Amigos de los Relojes de Sol de España (AARS) [continúa siendo miembro de la misma], coleccionista y diseñador de esos medidores. Para muchos, es el mayor experto español en esa materia. Sus investigaciones sobre los cronómetros solares de Madrid y Guadalajara -visita de todos los pueblos, localización de los artilugios, fotografía y estudio, posterior búsqueda de documentación- se ha plasmado en dos libros. Lo suyo no es una especie de chaladura, no. Cordura bien juiciosa. Se trata de una ciencia: caldeos, asirios y hebreos ya idearon artefactos para calibrar el tiempo de manera fiable. Y, para ello, se basaban en cálculos astronómicos? Los relojes de marca y alto precio, casi siempre con nombre suizo y francés, tienen una antigua historia.
La afición prende, se hace llama y alumbra el espíritu. Prende de la manera más insospechada, llamea como luz nerviosa y acaba iluminando estancias interiores. Un compañero de estudios, con una gran memoria, muy inteligente, tenía una forma de hablar que se parecía a las gentes del circo. Te contaba una cosa, pero no te relataba todo. Porque existía otro asunto más difícil. Una vez me dijo: "Dispongo de un reloj de sol, que llevo a la playa". Yo no le di importancia. A los pocos días apareció con ese cronómetro? y con un volumen sobre la materia», relata. «Préstame el libro». Comenzó a leer. Su interpretación, sin embargo, no resultaba fácil. «Como no lo entendía», retrasaba su devolución. «No comprendía bien la diferencia entre un reloj mecánico y otro de sol, pues tienen distinto origen». Acudió al Rastro, donde casi todo se vende y se compra, y se surtió a conciencia de libracos. Adquirió un texto sobre astronomía. «Allí encontré la ecuación del tiempo, y cómo podía pasarse de la hora de un reloj mecánico o convencional a otro de sol». Había dado con lo que (tanto) buscaba. «Como me gustan las matemáticas? Y ahí empezó todo», explica.
Es un patrimonio valioso, y no se ha valorado correctamente en España, más dada al desprecio ignorante que al aprecio, más dada al papanatismo que al estudio riguroso. «Existe poco interés», se lamenta. «Yo he visto unos 1.500 relojes de sol en el territorio nacional, y calculo que existe el doble». Echa mano de su biblioteca y, también, busca en su memoria. «El de mayor importancia se halla en el monasterio de Guadalupe (Cáceres)», resalta. Fue realizado en 1586. Y, por lo visto, lo adorna una historia, verdadera o legendaria. El zamorano lo vio en 1980. Lo fotografió y lo documentó. Y, transcurridos unos años, desapareció de su sitio. De la noche a la mañana. Cuando las sombras. La anterior imagen gráfica y las investigaciones permitieron descubrir su paradero y facilitar su posterior recuperación. Así, de nuevo, ocupó su lugar en el monasterio franciscano.
El interés del militar y químico zamorano por tales cronómetros ha sido, desde el principio, activo. Que si bibliografía, estudio, adquisición y diseño de ejemplares? Y, con la afición convertida en pasión, se embarcó -con Javier Martín-Artajo- en la realización del inventario de los relojes de sol de las provincias de Madrid y de Guadalajara. «Hay que ir en época de luz. Si se dedica toda la jornada a esa tarea, lo máximo que puedes ver es una docena. Efectuar la prospección de los relojes de esas características de un territorio es una labor lenta, minuciosa». La capital de la Nación, con más de cinco millones de habitantes, sólo dispone de uno, situado en la iglesia de San Martín de Tours, en la plaza de Santa Soledad Torres Acosta, de donde parten las calles de Concepción Arenal y del Desengaño. «Es de madera, y fue hecho en el siglo XIX».
Exactitudes: que si reloj de sol, que si digital? «El primero puede ser extraordinariamente preciso si se realiza en grandes dimensiones». Por eso, así lo cree, ninguno gana en perfección al otro. «Son diferentes formas de medir el tiempo», y puede pasarse de una a otra mediante «una representación matemática».
«Guardo un gran recuerdo del instituto Claudio Moyano», donde cursó el bachillerato. «Mi madre quiso que yo naciera en el pueblo, al amparo de la familia», explica Jacinto del Buey Pérez. No se trataba de un antojo, sino de evitar soledades. Y así sucedió. Pasó la niñez, como hijo de militar, en Cádiz. «Mantengo la casa de mis abuelos en Figueruela de Arriba, con un reloj de sol». Todos los años, sin falta, viaja a Zamora. «Debo hacer obra en la vivienda. Si no, se viene abajo». Cursó el bachillerato en el instituto "Claudio Moyano", con buen aprovechamiento, según sus profesores. «Guardo un gran recuerdo del centro. Y estoy muy agradecido a la Academia Bellido, que se hallaba próxima a la iglesia de San Juan de Puertanueva. En su lugar, hoy, aparece una tienda de antigüedades, con imaginería religiosa. «Un gran profesor hizo de mí lo que actualmente soy». Habla de sus amigos-paisanos. Y lo hace con fervor.
De caducidades e impiedades
Un reloj, pero distintas clases: horizontal, vertical, inclinado, esférico, oriental, occidental, ecuatorial, polar? Tal vez una treintena. El estudio le ha llevado, también, a la construcción de modernos cronómetros. «He diseñado una docena de ellos en mi pueblo. Además, he realizado algunos para la Academia de Ingenieros del Ejército y varias localidades. Aquel ha sido copiado por los ingleses para uno de sus cuarteles de Ingenieros», explica Del Buey Pérez. El bosquejo no resulta complicado. «Se trata de fórmulas muy sencillas. Lo difícil es el replanteamiento en el lugar indicado». Su colección no es extensa, pero sí valiosa. El zamorano establece dos categorías: «los buenos y los castigados». Aquellos: «los relojes que yo he comprado, de difícil adquisición. Aparece alguno de vez en cuando, pero su coste resulta muy caro». Los últimos: «esos que realizan ahora, carentes de interés». La antigüedad también es un grado. Viejos y nuevos, históricos y modernos, tradicionales y actuales. Sólo da la cifra de «los buenos». Una docena. Y rehusa hablar de precios, que es asunto prosaico. Es lo de menos (interés).
Dispone, asimismo, de una buena biblioteca sobre relojes de sol, con libros de variada procedencia geográfica. «La mejor existente en España», proclama sin vanidad, y no aporta más detalles. Y vuelve a la colección de piezas, pues no sólo del estudio de la piedra a la intemperie y de metal vive el experto. Son ejemplares -españoles, franceses, americanos, portugueses- que se datan entre los siglos XVIII y XX, realizados en madera, marfil, hueso y metal. Algunos presentan una gran singularidad, como ése que sólo sirve para el Hemisferio Sur. O el otro: «de anillo». Se coloca en un dedo y? Y "la joya" es el que aparece firmado: obra de Johan Schwtetteggr, hecho en Hamsburgo. La colección pudo costarle, sumando por aquí y por allí, unos 6.000 euros. En aquellos años de pesetas sin crisis. Actualmente, su valor resulta muy superior.
Jacinto del Buey Pérez ingresó en la Academia General Militar. Concluyó los estudios de la carrera, en el Arma de Ingenieros, en 1952. Ejerció profesionalmente, en Tenerife, Salamanca y, fundamentalmente, Madrid. Cursó, asimismo, durante su estancia en la capital helmántica, Ciencias Químicas. «Yo siempre he sido muy amigo de los libros». El tiempo: es caducidad pero no impiedad. La jubilación. Llegó esa hora. «A los militares nos retiran por fecha exacta. Tal día, muerto», ironiza. El pase a la Reserva no conlleva el pase a la inactividad. «Me gustan los números». Ahora escribe «un libro sobre gnomótica, donde le otorga una nueva categoría». No sólo lo realiza bajo el punto de vista gráfico, «como se ha hecho siempre, sino que expongo las fórmulas que deben desarrollarse».
El zamorano, alto y de palabra directa -su esposa escucha y, después, desaparece discretamente-, distingue entre esferas de misa y relojes de sol, cosa que no hacen otros expertos. «El tiempo medido hasta el siglo XIV presentaba periodos desiguales: Prima, Tercia, Sexta. Nona, Vísperas, Completas?». Se produjo una evolución, y, entonces, «se incluyeron horas intermedias, con los relojes canónicos». Esas esferas son las precursoras. Recuerda que una aparecía en la iglesia zamorana de Santiago del Burgo, románica de la segunda mitad del siglo XIII, y, por lo visto, «fue borrada»: al efectuarse la limpieza del muro con arena. Se hallaba junto a la portada meridional, la que presenta el capitel pinjante. ¿También hay rehabilitaciones destructoras?
La provincia de Zamora dispone de 38 relojes de ese estilo. «Son los que yo tengo censados. Y algunos, por sus características, resultan muy estéticos, como los de Peleagonzalo y Villalcampo». Hace memoria y relación: en la capital (se halla en las aceñas de Gijón, fue construido con cinco piezas de piedra en 1855), San Cristóbal de Entreviñas, Peleagonzalo, Castrogonzalo, San Miguel del Valle, Figueruela de Arriba, Villalpando, Fornillos de Aliste, Sanzoles, Morales (ermita del Cristo), Villardeciervos, Villalcampo, Torrefrades, Escuredo, Palacios de Sanabria, La Torre de Aliste, Cernadilla, Almaraz de Duero, Fuentesaúco, Morales de Toro, Bermillo de Sayago, Flechas, Figueruela de Abajo, El Campillo, Santa Marta de Tera, Lanseros, Sejas de Aliste, Cotanes, Villanueva del Campo, Terroso... Se hallan ubicados, predominantemente, en los muros de los templos, aunque también aparecen en casas, fuentes? y en los molinos harineros. Algunos pervivieron hasta los años finales de la pasada centuria en esas industrias de maquila y pesca. Alguno: en el Valderaduey que desagua en el Duero, a cuatro pasos de la capital.
El experto expresa su predilección por el situado en Santa Marta de Tera, que se data en el siglo XII. Esa esfera de misa «se encuentra colocada en la fachada sur que cierra el cementerio». Y no cita, porque su interés sea menor o por lo que sea, el de Santa Colomba de las Carabias, expuesto en "Kiryos", en la edición de "Las Edades del Hombre" celebrada en Ciudad Rodrigo, que se representa en un capitel mozárabe de piedra del s. X. Pero de nuevo recuerda uno, que conoció y el urbanismo se llevó por delante: «Estaba en la puerta del convento de las monjas Marinas», cuando acogía al Museo de Zamora. ¿Se encuentra en la escombrera municipal o en algún chalet particular?... Es lo que tiene el progreso: suele levantar sus cimientos sobre la destrucción.
«No dispongo de tiempo para otras aficiones»
- ¿Sólo tendrá esa afición?
- No dispongo de tiempo para más. Me chifla una cosa: resolver problemas numéricos. A mi edad, me gusta jugar con los guarismos.
- ¿No será un maniático de la hora?
- No, no. Qué va.
- ¿No hay mejor lema para un reloj que "Tempus fugit"?
- Existe otro que me gusta más. Hay una sentencia que está escrita en la iglesia de mi pueblo. Obligué al cura, que quería ser santo. No tenía otra ilusión en la vida. Y escribió: "Cristo, tuyo es el tiempo".
- ¿Quién cronometra nuestras vidas?
- Sólo Dios, que se halla por encima de nosotros.
- Cuando está con los relojes, ¿se olvida del tiempo?
- Pasa volando. Y, por eso, muchas veces no voy a tomar vinos con los amigos, porque estoy muy bien aquí, enfrascado en estas cosas.
- ¿El humanismo: atrasa o adelanta?
- En España, según lo que me enseñaron y lo que he vivido, esto es un retroceso muy grande? Hay mucho golfo en este país. Mucho.
- ¿59 segundos pueden ser una eternidad?
- No lo sé. Nunca he estado en situaciones difíciles. Para saberlo, habría que vivir momentos de ese tipo.
- ¿Es más fiable la gente humilde que la gente de alta esfera?
- Sí. Rotundamente. Necesita menos.
Artículo de prensa (en la portada de La Opinión de Zamora, Jesús Hernández), 15 de febrero de 2009
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