Quevedo
Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (Quevedo)
(Madrid, ES, 1580 - Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, ES, 1645)
Autor de las citas: Javier Martín-Artajo Gutiérrez, miembro de la AARS
“A una nariz” (soneto dirigido a Góngora)
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado;
érase un reloj mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado;
Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era:
érase un naricismo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.
Lira estoica: “El Reloj de sol”
¿Ves? Floro, que, prestando la Aritmética
números a la docta Geometría,
los pasos de la luz le cuenta al día?
¿Ves por aquella línea bien fijada
a su meridiano y a su altura,
del Sol la velocísima hermosura
con certeza espiada?
Agradeces curioso
el saber cuánto vives,
y la luz y las horas que recibes;
empero si olvidares estudioso,
con pensamiento ocioso,
el saber cuánto mueres,
ingrato a tu vivir y morir eres,
pues tu vida, si atiendes su doctrina,
camina al paso que su luz camina.
No cuentes por sus líneas solamente
las horas, sino lógrelas tu mente,
pues en él recordada
ves tu muerte en tu vida retratada,
cuando tú, que eres sombra,
pues la santa verdad así te nombra,
como la sombra suya, peregrino
desde un número en otro tu camino
corres, y pasajero
te aguarda sombra el número postrero.
Autor de la cita: Luis E. Vadillo Sacristán, miembro de la AARS
"Epístolas del caballero de la tenaza" (1625)
Humorística descripción de las epístolas intercambiadas entre un caballero sumamente tacaño y su amante.
Y si te alabaren prenda o joya, dirás que por esto la estimarás en un tesoro de ahí adelante. Permítese dar pascuas y no aguinaldo. Y en los días de feria damos licencia, que en las tiendas, platería, calle Mayor, el verdadero caballero de la Tenaza amague, y no dé. Y al fin ha de tener costumbre de reloj de sol, que muestra y no da. Y si alargare y señalare, sea con la sombra, y no con otra cosa. Y entre caballeros dichos siempre se ha de jugar a tengamos y tengamos; no se ha de jugar a los dados, ni se ha de leer en el Dante, ni se han de comer dátiles, ni ha de saber otro refrán sino «quien guarda halla», y con esto y con aquello, sin dar nada, aquí tendrán y serán tenidos, y allí será lo que Dios quisiere, como los demás.
| Adjunto | Tamaño |
|---|---|
| Quevedo-y-las-poesias-relojeras_200481.pdf | 116.14 KB |
