MN Relojes de sol del Monasterio de El Paular

[Jacinto del Buey y Javier Martín-Artajo (miembros de la AARS), extracto del libro "Relojes de sol de Madrid", pp. 71-76, 1ª ed. Madrid, 2005. ISBN-10: 8445127772]

Monasterio de El Paular, templete Brillante conjunto de cuatro relojes de sol que se encuentra en el templete central del claustro del Real Monasterio de Santa María de El Paular (Rascafría, Madrid, ES), en la sierra madrileña a orillas del río Lozoya. Coordenadas: 40º 53' 20"' N y 3º 53' 16" O.

El real monasterio debe a Juan I de Castilla la colocación de la primera piedra el 29 de agosto de 1390, siendo la primera cartuja que se fundó en Castilla. Las obras básicas duraron 50 años, si bien los distintos reyes y señores que han tenido relación con la cartuja continuaron enriqueciéndola. Desde marzo de 1954, el real monasterio está regido por los monjes benedictinos.

Esta monumental cartuja cuenta, entre otras joyas, con una preciosa reja que divide la nave de la iglesia en dos, para separar a los monjes de los seglares, un retablo de alabastro, el sagrario o "transparente", y el claustro principal gótico. Este último fue construido a finales del siglo XV y cuenta con bóvedas de crucería de diversas formas, destacando los arcos conopiales de las ventanas.

En su centro del claustro se levanta un templete octogonal de piedra de 3,60 m de lado donde, a dos alturas diferentes, están grabados los cuatro relojes de sol.

En la parte superior, de paredes lisas, se encuentran tres relojes verticales que señalan la hora solar. En la parte inferior se abren cuatro ventanas y cuatro puertas, rematadas con arcos canopiales, en consonancia con el resto del claustro. Sobre la puerta del mediodía se puede contemplar el cuarto reloj, mal llamado "reloj de luna" (*), que es un reloj que señala las horas babilónicas e itálicas.

Este conjunto de relojes de sol, considerado como uno de los mejores de España, fue diseñado por y construido por el pintor y escultor riojano Fray Martín Galíndez, nacido en la Villa de Haro en el año 1547 quien, "desengañado del mundo, se retiró a esta cartuja de El Paular, donde profesó en el año 1584. Sin faltar a la observancia de su austero Instituto ocupaba ratos en pintar, en hacer relojes de sol, y despertadores para los monjes, en la escultura y en la carpintería". Falleció en el monasterio en 1627 a los 80 años de edad, después de haber sido muchos años Procurador con buen nombre por su virtud y afabilidad (**).

Reloj de horas babilónicas e itálicas (figura 1)

Monasterio de El Paular, reloj de horas babilónicas e itálicas

Se trata de un reloj singular, debido a la rareza de este tipo de relojes en España, que preside el templete. Bien conservado y restaurado recientemente por el padre cartujo D. Andrés Cubillo del Hoyo. Este reloj de sol señala horas babilónicas e itálicas, muy en uso en la época de su construcción destinado a los viajeros, que necesitaban saber las horas de luz de que disponían para no caminar de noche (itálicas) y las transcurridas desde el amanecer (babilónicas).

Las horas itálicas son la veinticuatroava parte del día, y se empiezan a contar desde el ocaso del Sol. Las horas babilónicas son así mismo la veinticuatroava parte del día, y se empiezan a contar desde el orto del Sol.

Este bello reloj está limitado por las líneas de los signos, solsticio de invierno, en la parte superior, y solsticio de verano, en la inferior, además de la equinoccial. Por cálculo, la inclinación de la línea equinoccial resultó ser de 18,8º, a la que corresponde una inclinación del muro de 17,17º a levante.

La observación realizada 10 días antes del solsticio de verano, sirvió para contrastar la fidelidad con la que la sombra de la punta del gnomon recorría prácticamente la línea solsticial entre las 11 y las 8 horas. En otra observación llevada a cabo el 28 de enero se pudo apreciar la exactitud de la lectura de la hora babilónica a las 12:31 h solares, cinco horas exactas desde la salida del Sol -que aquel día lo hizo a las 7:30 h- y de la hora itálica a las 12:11 h solares, cuando faltaban cinco horas para el ocaso -lo que ocurriría a las 17:12 h-.

Las líneas babilónicas están grabadas y sobrepintadas en color gris azulado, numeradas desde la hora 1 hasta la hora 8, en números árabes, sobre una franja de color amarillo y ocre que cuelga por un lado. Aparece la línea de la hora 9 sin numerar.

En la parte derecha superior está escrito, sobre fondo gris, AB ORTV, concordando este color con el de las líneas a las que alude.

Las líneas itálicas, grabadas y sobrepintadas en rojo, están numeradas de 1 a 12 de derecha a izquierda. En la parte inferior está escrito sobre color ocre, AB OCASV, concordando también su color con el de las líneas a las que se refiere.

El gnomon válido para ambas escalas es una varilla troncocónica, de longitud 35 cm aproximadamente, con su base rematada en forma de flor de cuatro pétalos (figura 5).

Reloj de sol lateral declinante a levante (figura 2)

Monasterio de El Paular, reloj lateral declinante a levante

Grabado sobre 8 sillares en altura y 2 en horizontal, ocupando una superficie de 3 m de alto por 1,3 m de ancho.

Las líneas horarias señalan horas enteras y medias horas, empezando a las 5 horas y terminando a las 12 horas, con numeración árabe.

El gnomon es una chapa de hierro de firma triangular, con un lado curvo, sujeto a la piedra en 2 soportes emplomados sobre la línea vertical de las 12 horas y doblado sobre su eje vertical de forma que el lado mayor quede paralelo al eje de la Tierra (figura 6).

Reloj de sol central declinante a levante (figura 3)

Monasterio de El Paular, reloj central declinante a levante

Situado sobre el paramento central superior, el cual declina 17,17º a levante -medida que se hizo primero con brújula y se comprobó posteriormente- ocupando una superficie de 3 m de alto por 2,6 m de ancho. Las líneas horarias abarcan desde las VI horas de la mañana hasta las IIII de la tarde, con subdivisiones de medias horas, en números romanos.

Las líneas de equinoccios y solsticios están suavemente marcadas. Se hace constar que en el momento de efectuar este estudio faltaban 10 días para el solsticio de verano, y la sombra del extremo del gnomon estaba muy próxima a la línea que representa dicho solsticio.

El gnomon, semejante en todo al descrito anteriormente, descansa sobre la línea meridiana, y su plano situado dentro del plano meridiano.

Reloj de sol lateral declinante a poniente (figura 4)

Monasterio de El Paular, reloj lateral declinante a poniente

Ocupa la misma superficie que el lateral declinante a levante. Sus líneas horarias señalan horas enteras y medias horas, comenzando a las 12 horas hasta las 7 de la tarde, en números árabes, sin que se puedan apreciar la totalidad de los números.

El gnomon, idéntico a los anteriores, con su plano también dentro del plano meridiano.

Monasterio de El Paular, gnomon reloj de horas babilónicas e itálicas Monasterio de El Paular, gnomon relojes verticales En la figura 5 se muestra el detalle del gnomon del reloj de horas babilónicas e itálicas, en la figura 6 el gnomon que utilizan los relojes de horas solares.

Los tres relojes de sol del paramento superior tuvieron originalmente una extensa decoración, de la que hoy sólo se aprecien residuos de color ocre, que son mayores en los de levante y menores en el de poniente.

 

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(*) Durante mucho tiempo, al menos en el siglo XX, se pensaba que el reloj era un "reloj de luna", se desconoce quién y desde cuando se impuso esa opinión. Miembros de la AARS, hace pocos años aclararon el equívoco. En 1982 se publican una autobrigrafía del cineasta Luis Buñuel en las que recuerda su estancia en el monasterio, la incluimos a continuación completa. En ella hace mención del "reloj de luna":

  • "Mi último suspiro" (pp. 283-284, Liberdúplex, Barcelona, 2012)
    traducción de Ana María de la Fuente de "Mon Dernier soupir" (Houghton Mifflin, 1982)
    "A favor y en contra" (*)

    • Me gustan los claustros, con una ternura especial para el claustro de El Paular. De todos los lugares entrañables que he conocido, éste es uno de los que más íntimamente me llegan.

      Cuando trabajábamos en El Paular con Carrière, casi todos los días, a las cinco, íbamos a meditar allí. Es un claustro gótico bastante grande. No se halla rodeado de columnas, sino de edificaciones idénticas que ofrecen altas ventanas ojivales cerradas con viejos postigos de madera. Los tejados visibles están cubiertos por tejas romanas. Las tablas de los postigos están rotas, y crece la hierba en los muros. Hay allí un silencio de épocas pasadas.

      En el centro del claustro, sobre una pequeña construcción gótica que cubre a los bancos de piedra, hay un reloj de luna . Los monjes lo presentan como una rareza, indicio de la claridad de las noches.

      Viejos setos de boj corren entre desmochados cipreses que tienen siglos de edad.

      Tres tumbas colocadas una al lado de otra nos atraían en todas las visitas. La primera, la más majestuosa, alberga los venerables restos de uno de los superiores del convento, y ello desde el siglo XVI. Sin duda, había dejado algún feliz recuerdo.

      En la segunda están enterradas dos mujeres, madre e hija, muertas en un accidente de automóvil acaecido a unos centenares de metros del convento. Como nadie reclamó sus cadáveres, se les hizo sitio en el claustro.

      Sobre la tercera tumba —una piedra muy sencilla, cubierta ya por la hierba seca— se halla inscrito el nombre de un norteamericano. El hombre que reposa bajo esta piedra, nos contaron los monjes, era uno de los consejeros de Truman en el momento de la explosión atómica de Hiroshima. Como muchos de los que participaron en esta destrucción, el piloto del avión, por ejemplo, el americano fue presa de perturbaciones nerviosas. Abandonó su familia, su trabajo, huyó y pasó algún tiempo vagando por Marruecos. Desde allí, pasó a España. Una noche llamó a la puerta del convento. Viéndolo agotado, los monjes le recogieron. Murió una semana después.

      Un día, los monjes nos invitaron a Carrière y a mí —residíamos en el hotel contiguo— a almorzar en su gran refectorio gótico. Fue una comida bastante buena con cordero y patatas, en el curso de la cual estaba prohibido hablar. Uno de los benedictinos leía a algún padre de la Iglesia. En compensación, después de comer, pasamos a otra estancia, con televisión, café y chocolatinas, y allí hablamos abundantemente. Estos monjes, gentes muy sencillas, fabricaban queso y ginebra (este último producto les fue prohibido, pues no pagaban impuestos) y, los domingos, vendían a los turistas tarjetas postales y bastones tallados. El superior conocía la reputación diabólica de mis películas, pero se limitó a sonreír. Nunca iba al cine, me dijo, casi excusándose.

(**) Juan Agustín Ceán Bermúdez, "Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España", Tomo 2, pp. 154-155, primera edición, 1800.

Enlaces relacionados

Este monasterio/convento está incluido en el catálogo "PN Relojes relojes de sol en Monasterios y Conventos" en esta página web

Mapa del Monasterio de El Paular en Google
Fotos de los relojes en esta página web
Web de la comunidad benedictina de El Paular

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